Reseña de “La era del vacío”, de Gilles Lipovetsky

(...) Escrito en 1986, el libro es un ensayo claro y entendible sobre las nuevas formas de consumo y los comportamientos que preponderan en una sociedad dominada por la estetización, el individualismo y lo efímero. Algo muy interesante es que el texto fue escrito previo al boom de las redes sociales y, sin embargo, las teorías que se exponen calzan perfectamente con los efectos socioculturales del estallido de Instagram, TikTok o Facebook. Dice Lipovetsky: “El mundo no es hoy (...)

Reseña de “Gente normal”, de Sally Rooney

y rápido de leer… Pero no mucho más. No me marcó sobremanera y tampoco será un libro que recordaré hasta el fin de los días. Sin embargo, sí creo que esta novela puede ser una linda y liviana lectura de verano o una gran compañera para un par de tardes de invierno (...)

Reseña de “Teoría King Kong”, de V. Despentes

(...) Me gusta decir que  “Teoría King Kong” es un texto rabioso y que en su rabia, en la espuma que sale de cada palabra que la autora escupe, hay una verdad que empodera a quien lee. De alguna manera, es como si Despentes dijera en gritos literarios todo lo que alguna vez quisimos gritar aquellas que formamos parte del segundo -tercer, cuarto, quinto y sexto- escalafón social; incluso, dice lo que ni sabíamos que queríamos gritar (...) 

Reseña de “Lectura fácil”, de Cristina Morales

(...) La trama sucede en una Barcelona gentrificada, cosmopolita, opresiva y bastarda y se narra a través de cuatro parientas: Nati, Patri, Marga y Àngels, que tienen, según lo que la Administración y la medicina consideran, distintos grados de “discapacidad intelectual”.  Mediante del relato de estas mujeres, se construye una novela radical, tanto en ideas, como en su forma y su lenguaje. Cristina Morales explora aspectos de las identidades humanas y colectivas con una crudeza y honestidad que, de a momentos, incomodan. Pero es una incomodad interesantísima, saludable: aquella que deviene del buen arte (...)

Carne, cuerpo, deseo.

Si, según la medicina, yo no tenía ningún problema médico, ¿qué línea habían pasado mis kilos? Si mi cuerpo estaba sano, ¿por qué me felicitaban por odiarlo y querer amoldarlo a una forma que no le era natural? Como esas, hubo decenas de preguntas sanas que no me hice; en ese momento, yo tenía dieciséis años y lo único que quería era poder intercambiar los jeans Kosiuko talle 22 que se probaban mis amigas antes de ir a bailar.  

Quemando cana

El punto es que en mi casa, o en la casa de mis padres, mirarse en el espejo del ascensor era todo un reto: la luz blanca incandescente solo podía equiparar su crueldad con la luz de los baños de McDonald’s o de los probadores de ropa de Pull and Bear. Era ese tipo de luz que marca los granos, los puntos negros, los poros abiertos y cualquier tipo de imperfección que la piel tuviese. Los segundos que duraba aquel trayecto de ascensor eran un buen momento para apretar un nuevo grano o descubrir algo más que no me gustara de mi cara...

Propuestas y tríos

Como un impulso, instantáneamente me sentí ofendida; asociando, de manera cuasi irracional, su propuesta de trío con una falta de respeto o de interés genuino hacia mí. Luego de unos segundos, intenté redireccionar mi cabeza. Lentamente, empezaron a llegar las teorías...

Ibiza, cumbia y talleres de género

De repente, todo el estudio, los cuestionamientos, los textos, las charlas, las parejas fallidas, las partidas al medio, las drogas, las decepciones románticas y amistosas, las frustraciones, la inadaptación socioeconómica; todo podía ser puesto en marcha para crear más aprendizaje, en los otros y en mí.

Un fallo del sistema

Que le hablara tan abiertamente, sin pruritos, sobre las fotos en bolas que guardaba en mi teléfono le parecía entretenido, simpático, incluso provocador. Pero también había un dejo de incomodidad en su postura corporal y su sonrisa, como si admitir abiertamente que tenía fotos en pelotas -y encima sin los reparos de seguridad correspondientes-, formara parte de lo que no debía decirse, de lo no femenino, de lo guarro.

Tío Rober

Me percataba de la manera ridícula en la que convertía todo en amorosidad y me hubiera dado vergüenza comentarle a alguien mis pensamientos, sobre todo, siendo yo, tal como me jactaba, tan rupturista, tan liberal, tan feminista.

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