Reseña de «Teoría King Kong», de V. Despentes

Cuando tenía quince años, mi hermano menor le pidió a mi padre una botella de whisky Johny Walker, de las que tenía guardadas en el ropero de su cuarto, bajo llave. Mi padre se la dio, para que la tomara con sus amigos en una juntada de fin de semana, previo a ir a Génux, un boliche de moda del Uruguay de aquel entonces, por el año 2005. Te lo doy porque prefiero que tomes esto antes de que consumas los whiskies baratos y horribles que compran en el almacén de la esquina, dijo mi padre. Tenía sentido. 

En ese entonces yo tenía dieciséis, un año más que mi hermano, y tomaba más alcohol del que tomaría nunca. Aún no entiendo cómo mis amigas y yo, con nuestros cuerpitos apenas desarrollados, teníamos aquel aguante. Al ver la generosidad de mi padre, decidí reclamar para mi lado: ¿Me das una botella a mí? También tengo previa con mis amigas y después vamos a Génux. Mi papá contestó: No, a vos, no. Él es varón; es distinto. 

Pasaron más de quince años desde uno de los tantos incidentes (¿rituales?, ¿definiciones?, ¿experiencias?) de doble moral de género de los cuales fui víctima. Mientras escribo la palabra víctima, me recorre un escalofrío incómodo por los dedos que tipean la computadora; víctima es una palabra muy fuerte, me digo, pero, ¿cómo llamar si no a la posición que el proceso sociocultural de construcción identitaria impone a mujeres y disidencias? , me digo, hay vivencias y cuerpos que por default son víctimas del sistema de la doble moral sexual heteropatriarcal. Sobre esta doble moral y su hartazgo, sobre un mundo binario e injusto es que escribe Virginie Despentes. 

Me gusta decir que  “Teoría King Kong” es un texto rabioso y que en su rabia, en la espuma que sale de cada palabra que la autora escupe, hay una verdad que empodera a quien lee. De alguna manera, es como si Despentes dijera en gritos literarios todo lo que alguna vez quisimos gritar aquellas que formamos parte del segundo -tercer, cuarto, quinto y sexto- escalafón social; incluso, dice lo que ni sabíamos que queríamos gritar. 

A través de experiencias personales, el libro, un ensayo feminista breve y poderoso,  reflexiona sobre el concepto mismo de feminidad, sobre la maternidad, la prostitución, la belleza, los estándares hegemónicos, la fealdad y el mundo de las feas, de las abyectas, las rotas y las asquerosas. “Teoría King Kong” se lee en dos o tres horas, de un tirón, y una termina el libro sintiéndose más viril que nunca, con ganas de reclamar lo que le pertenece. Despentes impronta en sus lectoras, con una prosa ágil y atrapante, el empuje y la rabia tan necesarios para la revolución. 

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