Quemando cabeza

No quiero ser una careta de las redes sociales. No quiero ser una minita popular por mostrar lo aparentemente genial que es mi vida. No me quiero convertir en una marca. Y, sin embargo, acá estoy, haciéndome una página de automarketing.

Hace meses que discuto con colegas y amigos las inquietudes que me genera dar este paso. Por un lado, está el carácter ideológico del asunto: la revuelta de estómago que me da la relación repugnantemente adictiva que tengo con ciertos sitios; el reconocer que Whatsapp o Facebook son las primeras interacciones cuando amanezco; la cantidad de información que no debería ni quiero manejar sobre la vida de otras personas y que, igual, consumo como enferma. Lo tengo claro, pero la compulsión es más fuerte.

Luego, están mis inseguridades. Mis miserias, mis miedos. Hacerme una página, poner “Cecilia Komaromi, escritora”, o “Cecilia Komaromi, autora”; a cuál peor. ¿Y quién soy yo para considerarme o no una escritora? ¿Cuándo es que una se vuelve escritora? ¿Tiene que ver con la cantidad que uno escribe? Si es así, estoy al horno. A veces pasan semanas sin que tipee una vocal. ¿O tiene que ver con la calidad de lo que una escribe? En ese caso, ¿no debería ser otra quien juzgue si puedo o no considerarme escritora?

Escritora.

En medio de tratativas con editoriales, me dijeron que, hoy en día, la posibilidad de éxito de una escritora se mide más por sus seguidores en Facebook que por la calidad de sus textos. ¿Dónde me deja eso?, ¿qué hacer con esa información? Compartí tu blog en Facebook, hacete una página, me dijeron.

Hacer una página de Facebook con mi nombre es decirle al mundo hola, me dedico a esto, léanme, y no sé si estoy preparada. No sé si me la banco. No sé cuánto estoy dispuesta a exponerme o a mostrar. Pero sé que si me la juego, tiene que ser a fondo. Para medias, los pies.

Hablando con Andrea, una sabia amiga, decidí que lo mejor era blanquear la situación. Ya que voy a romper con el militante silencio cibernético y hacerme automarketing, ya que voy a gritar las palabras que vomiten mis tripas, ya que voy a pedirles que me lean y que sean parte de este viaje, me pareció que correspondía que entendieran mis reparos, mis miedos y, finalmente, mi decisión.

Así que acá estoy, metiendo huevo. Ojalá disfruten los garabatos que salen de mi cabeza.

 

Foto by Pascal Krumm

 

 

 

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